jueves, 6 de agosto de 2015

EN PASIÓN, PRIMEROS

 La gente de Nueva Chicago copó el Tomás Adolfo Ducó, agotó sus entradas, vivió una fiesta inolvidable y demostró que el hincha sigue vivo, de pié y más fiel que nunca. Ah, además hubo un partido en dónde el verdinegro cayó ante Lanús que sin despeinarse ganó 3 a 0 y pasó a octavos de final.

Del encuentro que se disputó a la tarde poco y nada. El conjunto de Rubén Darío Forestello no pudo en la Copa Argentina (NdR: competencia en la cual había conseguido su única victoria del año ante Defensores de Villa Ramallo) y perdió ante el Granate que desde el arranque, a los cuatro minutos, se puso arriba en el marcador tras un centro ejecutado por la derecha que conectó Gómez y la envió dentro del arco ante un Alejandro Sanchez que se encontró vencido tras resbalarse por el estado del campo de juego.
Con el marcador abajo desde el vestuario Chicago nunca tuvo el dominio, pese a que contó con algunas ocasiones pero la falta de efectividad cuando se está enfrente del arco rival, tomó su protagonismo y se pagó muy caro, a tal punto que los dirigidos por los Schelotto en la segunda que tuvieron, volvieron a convertir y otra vez Gustavo Gomez, a los 36 puso el 2 a 0.
El resto del partido sobró, aunque hubo tiempo para un tercer gol en contra, y Sergio Gonzalez, de volea fue el encargado de facturarlo a los 6 del segundo tiempo. A partir de ahí la gente de Chicago fue la que tomó el protagonismo, alentando pese a la pobrísima campaña y a lo poco que se transmiten dentro de la cancha. El hincha conmovió a ajenos que desde la platea donde se encontraban los periodistas, o desde la popular del equipo del Sur, desenfundaban sus teléfonos celulares para grabar lo que veían. Algo ilógico para un equipo que vive una racha negativa que ya es histórica, pero el fanático de Chicago es así, deja su laburo antes, inventa una excusa para poder estar, dice presente para alentar a los colores, no a las campañas y eso es lo que lo diferencia del resto y enamora cada día más a sus propios fieles, esos que inflan el pecho al decir que no les importa el descenso ni la categoría y cumplen al pié de la letra.
De adentro nada, de afuera todo. Es que al fin y al cabo, lo que siempre queda es la gloriosa gente que cura sus heridas con aliento, que olvida sus problemas con esta pasión intachable. Esto provoca Chicago, ¡EN LAS MALAS MUCHO MÁS!